Cariño…

Cariño, que te abalances sobre mí y me beses
es abrir las ventanas cuando llega el tornado.
Apretarte contra mi pecho,
renegar de cualquier posibilidad de salvarnos,
que te tumbes encima de mí
y se me nuble el cielo de besos.
Desnudarte como quien busca
prender aún más fuego al incendio.
Tirar por los suelos la ropa,
quitarnos hasta las dudas,
que nos robemos el aliento,
perder la cabeza entre tus piernas,
que muerdas la almohada,
mis labios, mi cuello,
que se nos corte la respiración
al saber lo cerca que estamos
de estar más cerca que nunca.
Cariño, como me vuelvas a mirar así
voy a hacerte todo lo que cuenta la poesía.
A recorrer tus puntos cardinales,
lamerte de norte a sur,
con nocturnidad y alevosía.
Vamos a hacer que nos llueva,
que me mires con esa cara cómplice
y abras todavía más las piernas.
Voy a encerrar a tu deseo en mi boca,
que me agarres con las manos
y me hundas hacia ti sin temer al riesgo
de morir por asfixia.
Cariño, quiero que se multipliquen los jadeos,
volver a besarte, que olvidemos los miedos,
hundirme en ti
sin preocuparme de hacer pie,
y, mientras todo sucede,
mirarnos a la cara, callados,
y que nuestras vidas vuelen
justo como si acabara
de arrasarnos un tornado.


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